...VIRGINIAA
26/10/14
18/8/11
ANARQUÍA.
Me enfrento ante una hoja en blanco y me doy cuenta que no logro escribir, que no puedo pensar, que no veo personajes. Hace mucho que no escribo, hace mucho que no me siento a hacer catarsis. Y no porque la vida sea “color de rosa”, quizás porque tengo danza y teatro para sacar todo. Aunque de teatro salga re cargada sé que algo se libera, tantas puteadas, tantas personas que me han afectado, ya hace tiempo, pero algo quedo picando dentro mío; en teatro logró sacar todo eso, olvidarlo realmente, relajar. Pero sin embargo todo mi potencial no fue liberado, lo reprimo por miedo. ¿Cómo mirarlo a los ojos a Jota y decirle que quiero clavarle un cuchillo sin sentir que me estoy sobrepasando? Sin embargo la escritura fue dejada de lado. Prefiero sentarme hora tras hora y devorarme series enteras. Pero, sobre todas las cosas prefiero verlo a Rodrigo. Él no es la causa de que deje de escribir, sino que terminó siendo lo único de lo que quería hablar. ¿Y cómo permitirme olvidar la fantasía y escribir mil cuentos sobre nosotros dos? Como si no hubiese nada más de que hablar, como si no pudiese ya imaginar. No es así, pero caigo redonda en nuestro amor que no tiene ninguna complicación. ¿De qué hablar? ¿De que está todo bien? Siempre fui fatalista, siempre exageré cosas para hablar de tristezas, enojos, existencialismo. Querer escribir algo feliz sin traspasar la línea de lo cursi es demasiado difícil para mí. ¿Qué hago frente a la vida sin problemas? No puedo crear un personaje si mis aflicciones no las crea una persona sino una institución, una vida. ¿Ponerme a mí como enemiga? ¿Escribir y escribir relatos donde me odio continuamente por mis malas acciones a manera de flagelación? ¿Comentar que nada me entusiasma excepto él, que todo es vacío sin él? Convertirme en cliché… No. Hablar de broncas pasadas… No. Representar en un personaje al capitalismo destructor de seres humanos, volverme filosofa de la revolución y proclamar la autodestrucción. Hablar de política, de ética y moral… No. ¡Copiarme personajes! Representar a una puta decente a la que la enredan en engaños para que declare en contra de un negro. Ser Borges y generar intertextualidad en cada comentario para que solo logre entenderme un verdadero erudito. Despreciar lo que escriben otros, los alardeos de intelectuales de algunos ineptos; generar indirectas para que varios estúpidos se sientan identificados. Contar chistes malos. Poner en mayúsculas alguna grosería para que el texto llame la atención: METANSE UN PALO EN EL ORTO. Creerse surrealista por decir tonterías una tras otra, y empezar a desvariar con RINOCERONTES. Hacer homenajes a artistas, a películas recientemente vistas con mi novio… Con él, de lo único que puedo hablar. Escribir algo largo y sin importancia para que nadie termine de leerlo, para que la gente se aburra (como si alguien me leyera alguna vez).
21/7/11
Miro y, ¿qué veo? Recuerdo, todo, olvido. La cantidad de metas cambiantes en cuestión de segundos, las personalidades, los personajes y los roles. ¿Qué opinaría cada uno de ellos ante la imagen que se me presenta ahora? Ser la buena, ser la insensible. Siempre tan dura (quizás hasta cruel) pero no puedo actuar la violencia. Frente a lo que veo, ¿veo? ¿Observo? La moral se hace presente y la imagen cambia. Luego se va, y podría exterminar lo que mis ojos… ¿Quién es esa persona que se jacta de sus principios morales y cae en la debilidad? ¿Quién es esa persona tan fuerte, imponente, capaz de aplastar al otro, que tropieza siempre con las mismas situaciones, que termina siendo pisoteada con tanta facilidad? Que alguien me explique por qué insistimos en que somos solo uno. Si yo miro lo que hay frente de mí y me encanta y lo odio al mismo tiempo. Pero sentada, mirando, siento que puedo traspasar la imagen que hay delante de mí y conectarme con algo más allá, algo que quizás ya pasó, o que está por pasar, pero, no puedo distinguir la diferencia. De alguna manera por mis ojos se escapa algo, eso que traspasa, que recuerda y que recrea, que arma. Cosas que no están pasando y mis ojos registran, ellas salen fuera de mí y se impregnan en mis sentidos, y se graban en mi ser. Inhalo y exhalo lo que no está sucediendo frente a mis ojos ¿o tal vez sí? Me veo, y veo como me veo, escupo todas estas palabras sin sentido, que de alguna manera se ordenan. Las letras se acomodan como si significaran algo, como significando o significante. Me escondo tras ellas, acudo a frases que sanen mis sentimientos, que llamen la atención. Bajo el “esto que digo no tiene importancia” hago que te importe, que te detengas a leerlo, que opines, que sientas. Pero la única que lo lee, la única que lo escucha, es esta que mira, con lástima ya, me ve desaparecer con los años. Ve como me transformo, como cambio de yo, como mi cuerpo se estiro, se agrandó, se deformó, cada vez más hasta que queden sólo partículas, respiración que no respira.
24/6/11
Aquella culpa.
Jurar no volver a recurrir a determinados temas a la hora de escribir y encontrarse escribiendo sobre aquello. Así me verán hoy, como lo que soy. Porque a la hora de escribir, como en el teatro, creamos personajes y aunque hoy presente a una escritora de diecinueve años que tuvo una época que podríamos llamar oscura, aunque quizás es exagerar, difícil y que ahora logra reflexionar, verse a sí misma y descubrir sus errores. Y siempre hay motivos para escribir, alguna bronca reprimida, algún miedo, alguna tristeza, alguna alegría, algún recuerdo significativo, algún recuerdo insignificante. Y estos son simplemente disparadores que nosotros utilizamos para crear una obra de arte. Desde aquí ya vemos que realmente aunque alegue ser “yo”, la que escribo, he creado otro personaje, no sólo porque no se puede escribir sin crear algo irreal, aunque nos basemos en la pura realidad, sino, también, porque yo nunca me insertaría en el mundo de los escritores de esta manera, estoy lejos de considerarme escritora y de crear arte. Pero, intentemos no desviarnos más del punto realmente importante en todo este meollo: voy a aceptar culpas que creí que nunca aceptaría (siempre dentro del marco de la literatura).
Me presento: soy un personaje de diecinueve años de edad, mujer. Solía “estar” con este chico que me cuesta presentarles. Por ahora, también él tiene diecinueve años y puedo describirlo de mil maneras posibles, y en todas esas encontraran algún insulto. Aunque intente no podría decir cosas bellas de él, y si lo hiciese sería refiriéndome a algo que quizás existió y despareció, o que creí que existía, pero, no. De alguna manera sería más exitoso para mí contarles de algo más dramático y profundo que una aventura que tuve hace un par de años, pero como dice mi profesor de teatro: estamos acostumbrados a reprimir la expresión (y eso está bien para ser “civilizados”) pero los actores deben lograr dejarla salir completamente. No se cómo todo esto llegó a influenciarme en mi manera de escribir, pero hoy quiero expresarme por este medio sin importarme si alguien me lee o no, sin importar si a alguien le gusta o no, sin importar si alguien se ofende o no.
Quizás si, quizás me desvío del tema para postergar más mi confesión, mi aceptación, porque aceptar mis errores, reconocer que no siempre tengo la razón, es algo difícil para mí.
Ubiquémonos hace unos años atrás, cuando me encontraba confundida, angustiada y desorientada por el repentino cambio de vida que debía afrontar. Aunque siempre supe que mi novio no sería para siempre, que no estaría con un solo hombre en mi vida, afrontar el corte de una relación no me fue algo fácil. Sufrí mucho, y tal vez eso (sin pretender justificarme) sea la principal causa de mi descarrilamiento, ¿qué decir de la niña perfecta que siempre quise ser? Me desaté del modo más perverso, aunque quién lo analice no entendería porque tanto flagelo. Y es que, no sólo hice sufrir a mi ex, sino que me encontré ante este otro muchacho que, aunque no fuese ningún santo, también sufrió las consecuencias de tenerme tan cerca. Quizás él fue una de las primeras causas por las que terminé con mi ex, ¿pero por eso voy a seguir juzgándolo hasta el día de hoy?
Yo creí que terminar con mi novio era volver a algún estado imaginario de “libertad” en el cual podía jugar con cualquier chico que se me interpusiera, quise descargar todos mis sentimientos de culpa en la bebida, las noches de parranda y en histeriqueos a hombres inocentes. ¿Qué sucede cuando te encontrás besando a aquel que tanto persuadió porque termines con tu novio sin ninguna influencia del alcohol? Sí, él pudo simplemente aprovechar mi momento de debilidad emocional y ser un cerdo por eso. Pero, ¿quién soy yo para juzgarlo si a la semana siguiente estoy besando a otro chico en un bar delante de él, sin nunca haber charlado sobre lo ocurrido? Creo que asumí que algo estaba ya dicho, que ambos ya teníamos claro que lo nuestro no era serio y que podíamos estar con quien quisiéramos y en secreto ser amantes. No digo que él estuviese enamorado de mí, nada por el estilo. Pero ¿en qué momento fui tan ingenua que creí que podía besar a este muchacho y a la noche siguiente besar a uno de sus amigos sin que le importara? Tendría que haber supuesto que aunque sea en el orgullo le debe haber dolido. Una cree que porque lo escucha hablar de todas las chicas con las que ha estado y porque quizás en algún momento insistió en que yo estuviese con algún chico en un boliche ¿puede besarlo y al otro día pretender que nada había sucedido? Y lo quería, y me gustaba, y había dejado todo por él. Pero, aunque muchos afirmen que me enamoré de él, puedo confesar que realmente no fue así. Podríamos decir que “me movía la estantería” de cierta forma, y me sentí indignada cuando empezó a comportarse extraño conmigo, a tratarme de puta. Con el orgullo dañado nuestro joven amigo comenzó a intentar exterminarme de todas las maneras posibles. Aunque él lo reconozca o no, sé que algo por mi sentía. Algún cariño especial que por más que quisiera desbastarme lo hacía volver a mis brazos. Y aquí estoy, después de tanto, entendiendo algunos comportamientos míos y de los demás. Ahora veo claro el miedo a crecer de uno, ahora veo claro la angustia del otro. Porque me quisiera o no, él también me creía su mejor amiga y el no estuvo a la salida siguiente con alguna chica delante de mí. Ninguna de estas cosas justifica como se comportó conmigo pero aunque me lea o no, acepto sus disculpas y espero que me perdone también. Y de paso un: “hasta nunca, que te vaya bien”.
16/11/10
Los usurpadores.
Yo los vi. Se amaban (o eso creían ellos, yo no tanto) y se odiaban (o eso creía yo, ellos no tanto). Si los tengo que definir los catalogaría de enfermos, sin más ni menos... pero ¿quién no está loco en esta sociedad? Que arroje la primera piedra. Igual no entiendo mucho esa frase porque yo los apedrearía sin descanso y sé de mi grado de locura. Pero compréndame lector que me han usurpado parte de mi espacio un conocido con su esposa desconocida. Quizás uno escucha a cualquier hora sus gritos y eso a uno lo pone nervioso... Sí eso realmente lograba descolocarme, una noche unos gemidos, unos gritos, unas sacudidas que lograban sacarme del sueño y ¡oh! si me cuesta dormirme... Sí quizás no perdono que hayan perturbado mis sueños porque a la noche siguiente se escuchaban llantos y gritos, peleas. Así durante largos meses... A veces había que intermediar porque uno no quiere muertos en su casa vio y ellos si podían se mataban.
Un día no lo aguanté más, le dije que se vaya, grité, sí, me excedí, no hay que ponerse a la misma altura del enfermo, hay que darse cuenta que está enfermo y llamar a la ambulancia.
Otro día regresé y estos usurpadores habían discutido, ella le pegaba en las bolas al grito de "te voy a dejar estéril" y él la abofeteaba. Ella embarazada.
Yo ya no se qué hacer. En este momento escucho sus besos desde el cuarto contiguo, y solo me generan odio. No me interesan ¿está mal, señor lector, que después de haber recibido solo maltrato a cambio de techo y comida no me importe que les sucede? No me importa si arreglan o no sus diferencias, no quiero verlos nunca más.
11/4/10
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29/3/10
Hoy ordené mis cajones del escritorio porque esto de comenzar la facultad significa muchos apuntes, fotocopias, cuadernos, libros, entre otras cosas, nuevos y definitivamente necesitaba espacio para ellos. Revolver mis cajones, decidir que tirar, que amuchar y que cambiar de lugar o simplemente que dejar como estaba significa revolver el pasado. Soy de esas personas que guardan TODO y me cuesta tirar, aunque las últimas veces me deshice de muchas cosas que venía guardando hace años. Con decir que guardo cada entrada al cine cada vez que voy y la pongo en la agenda del año correspondiente, el detalle es que me gusta mucho ir al cine y voy mínimo una vez al mes cada año, con eso ya demuestro esa afición por los recuerdos. El problema es que los encajono y no los veo por meses. Sí, mis cajones son guarda recuerdos de años y años de mi vida y ni los uso para más que juntar porquerías. El revolverlos fue recordar, fue un típico: "¡Nooo! ¡Mirá esto!". Y me di cuenta que esbocé muchas sonrisas al encontrar desde cosas que pertenecieron a mis abuelos, un sonajero de cuando era bebé, una historieta que hice de chica, algún que otro texto, los boletines de mi paso por la secundaria y cartas de mis amigos escritas en el aburrimiento de las clases, también encontré lo que guardé de mi materia favorita, literatura, y recordé a mis profesoras de cada año, las que amé y las que odié, los temas que me gustaron, los que no, noté mi excesiva prolijidad en esa materia al compararlas con otras. Y entonces reflexioné... Si estas cosas me causaban nostalgia al igual que esas épocas en las cuales estaba con mi ex, si me causaron nostalgia cosas que no lo involucraban en lo absoluto y coexistían con el, como cosas que no. ¿Realmente el recordarlo nostálgicamente es algo que involucra que yo quiera volver con el? Claramente no. Todo mi pasado lo recuerdo y me genera la misma sensación, que el haya sido algo fuerte y reciente significa que lo recordaré más. Y entonces leí las cosas que me ponían mis amigos, sus frases de afecto, nuestros códigos, los chistes internos y eso también se fue, y lo extraño igual o aún más al saber que no regresarán esos días de secundaria sin tanto estudio, y con ellos, mis amigos, todas las mañanas.
2/3/10
¿Y quién me entiende? ¿Si no lo hago ni yo?
¿Y qué pasa si en las noches de soledad no existe ni un amigo para calmar las angustias? Sé que es porque no necesito un amigo. No necesito ayuda, ni siquiera su amor, ni el cariño de él. No la necesito porque no alcanza, porque la única que se puede salvar soy yo. Porque si caigo en el pozo, caigo sola. Quizás porque ya estoy grande, quizás porque los problemas en esas noches son conmigo aunque se los adjudique a otras personas. Por más que entre pensamientos pasen miles de personas, las que diariamente pasan en mi vida, o las que pasaron en algún momento por mi vida. No son ellos. Soy yo que me encierro en los mismo pensamientos y tengo las mismas dicotomías desde que recuerdo. Porque cambiarán cosas pero son circunstanciales y la esencia sigue siendo la misma.
Existe esa maldita nostalgia que por suerte Cien años de soledad me supo explicar que uno siempre va a tener aunque vuelva a eso que extraña va a extrañar lo de ahora. Y sí me di cuenta porque me pongo nostálgica de momentos en los que tenía nostalgia de alguna otra cosa. Y me pasa con todo. Pero será porque mis recuerdos en un intento de protegerme me ponen todo como si hubiese sido genial para que no recuerde lo malo. No importa igual.
Los olores me recuerdan sensaciones, agradables por ahora, mezclados con una temperatura, con la claridad o la oscuridad del día, con la música de fondo. Y eso me hace sentir que lo de ahora está todo mal y en ese momento estaba todo bien. No, yo en algún momento se que no es así, y esperaré el día que recuerde el ahora como que estaba todo bien.
Al fin y al cabo es cerrar los ojos y concentrarse en disfrutar todo. Total lo malo pasa, y lo bueno también pasa, y lo normal pasa, y así es la vida como un gran ciclo de cosas. Y dejaré que VOS seas solo un lindo recuerdo, y que él en el futuro sea otro lindo recuerdo. Que las estrellas me saquen una sonrisa porque me acuerde de algún lindo momento, y que volver a la realidad y salir de los recuerdos me traiga otra sonrisa, porque elija bien o mal, lo elegí YO.
Y aunque un día quiera ser así y quiera tal cosa para mi vida y al otro día quiera ser asá y quiera otra cosa, seguiré en busca de eso que me hace bien.
8/2/10
Reflexiones de insomnio.
Pero tal vez no es solo en la cara, sus facciones pueden complementarse con su cuello ancho y recto, sus hombros suaves marcando su espalda, bien derechos, bien masticables diría yo. Esa espalda prominente que siempre hará florecer mi debilidad femenina. Y esos pelos... En los abrazos, en el pecho, en la pelvis, en las piernas... ¡Sí! Los de las piernas, abundantes, oscuros y enrulados, esos pelos que me tientan a acariciarlos eternamente.
Y su forma de pararse, de sentarse y de correr tan singular, tan raro él, en una mezcla de torpeza y falta de elasticidad, en donde saca a relucir su importante parte trasera. Eso, creo yo, debe condicionar estas anomalías en su forma de pararse, quizás las piernas más gordas y sus glúteos aún más grandes.
Creo que a esto debemos sumarle su cara de pensativo/preocupado con la particularidad de poder levantar una sola ceja, tuerce la boca, frunce el ceño...
Y cuando llora no hay tristeza más grande. Ver sus ojos achicarse, ponerse aún más rojos y llenarse de lágrimas. Su boca se entristece y parece que ella también llorara, las cejas se levantan y cierra los ojos, mientras caen sus lágrimas por las mejillas, como suplicando que esa pena se vaya. Definitivamente no hay angustia más grande que verlo llorar.
Pero la felicidad desborda en una al verlo reír, al escuchar sus carcajadas, sus ojos se cierran y su boca se abre grande mostrando sus paletas.
Una de las cosas que me impactan de él, son las palabras que salen de entre sus labios, que al encontrarse con las mías se ponen a danzar y nunca se cansan. A veces las ves amándose, otras veces festejando juntas, ayudándose, pero también están esas veces en las que se desata una guerra y se tiran con flechas. Igual yo me arriesgaría a decir que ahí hay magia, entre tantas palabras suyas y mías.
Entre todo esto no puedo omitir sus abrazos, los cuales saben curar cualquier herida, si su pecho y el mío se encuentran, las angustian se esfuman (aunque sea por un rato) y nos damos el lujos de volar bien lejos, de transportarnos aun lugar en el que solo convive nuestro cariño.
Y con sus besos una puede volar, nadar y viajar a la velocidad de la luz. El sabor de ellos no se encuentra en ningún otro lado y es de esos sabores que nunca empalagan, podría pasarme vidas besando esos labios.
Sus caricias son las más dulces y el calor de su cuerpo es el mejor abrigo en una noche de invierno o soledad (o ambas, ¿por qué no?).
Su respiración y la mía suelen mimetizarse en una mezcla de ahogo y torpeza.
Estoy segura que mi mirada y la suya son cómplices y se gritan “te amo” aunque yo no quiera. También se que por más que luche contra viento y marea verlo significa besarlo porque nuestros cuerpos piden a gritos ahogados que nos amemos.
Pero hay algo más y es eso lo que intento descifrar. No es su físico, no es su personalidad, no es nuestro cariño ni nuestra pasión. Quizás es como soy yo cuando estoy con él o quizás simplemente ese algo no tiene palabras para describirlo porque a veces no alcanzan las palabras.
10/8/09
- Tengo canarios
a lo que otra persona contestó:
- Yo tengo alpiste
- ¿Alpiste? Fuiste
Se levantaron, se fueron todos y terminó la fiesta."
(Autores de cinco películas en el festejo de la Li-cenciada. Cena familiar, muchas risas, mucha cerveza, mucha comida, mucho baile. Presentando al DJ Seba y Bemba en su arte surrealista)