8/2/10

Reflexiones de insomnio.

Sus ojos. No, su boca. No, quizás no es precisamente la boca sino la sonrisa. O sino puede ser la mezcla de la mirada y la sonrisa, y cuando tiene la barba crecida de hace ya un par de días, o su nariz angulosa y levemente torcida con sus mejillas rosados, la piel blanca en contraste con los lunares y con el pelo castaño, el verde de sus ojos, el rojo de sus parpados o la característica de los ojos húmedos. Quizás el constante de sus labios paspados, carnosos, rosados casi rojos y mojados. Quizás ese gesto en el cual está esbozando una sonrisa mezcla de ternura y felicidad, o de amor por mí. O que sus ojos reflejen esa bondad que tiene de a montones.
Pero tal vez no es solo en la cara, sus facciones pueden complementarse con su cuello ancho y recto, sus hombros suaves marcando su espalda, bien derechos, bien masticables diría yo. Esa espalda prominente que siempre hará florecer mi debilidad femenina. Y esos pelos... En los abrazos, en el pecho, en la pelvis, en las piernas... ¡Sí! Los de las piernas, abundantes, oscuros y enrulados, esos pelos que me tientan a acariciarlos eternamente.
Y su forma de pararse, de sentarse y de correr tan singular, tan raro él, en una mezcla de torpeza y falta de elasticidad, en donde saca a relucir su importante parte trasera. Eso, creo yo, debe condicionar estas anomalías en su forma de pararse, quizás las piernas más gordas y sus glúteos aún más grandes.
Creo que a esto debemos sumarle su cara de pensativo/preocupado con la particularidad de poder levantar una sola ceja, tuerce la boca, frunce el ceño...
Y cuando llora no hay tristeza más grande. Ver sus ojos achicarse, ponerse aún más rojos y llenarse de lágrimas. Su boca se entristece y parece que ella también llorara, las cejas se levantan y cierra los ojos, mientras caen sus lágrimas por las mejillas, como suplicando que esa pena se vaya. Definitivamente no hay angustia más grande que verlo llorar.
Pero la felicidad desborda en una al verlo reír, al escuchar sus carcajadas, sus ojos se cierran y su boca se abre grande mostrando sus paletas.
Una de las cosas que me impactan de él, son las palabras que salen de entre sus labios, que al encontrarse con las mías se ponen a danzar y nunca se cansan. A veces las ves amándose, otras veces festejando juntas, ayudándose, pero también están esas veces en las que se desata una guerra y se tiran con flechas. Igual yo me arriesgaría a decir que ahí hay magia, entre tantas palabras suyas y mías.
Entre todo esto no puedo omitir sus abrazos, los cuales saben curar cualquier herida, si su pecho y el mío se encuentran, las angustian se esfuman (aunque sea por un rato) y nos damos el lujos de volar bien lejos, de transportarnos aun lugar en el que solo convive nuestro cariño.
Y con sus besos una puede volar, nadar y viajar a la velocidad de la luz. El sabor de ellos no se encuentra en ningún otro lado y es de esos sabores que nunca empalagan, podría pasarme vidas besando esos labios.
Sus caricias son las más dulces y el calor de su cuerpo es el mejor abrigo en una noche de invierno o soledad (o ambas, ¿por qué no?).
Su respiración y la mía suelen mimetizarse en una mezcla de ahogo y torpeza.
Estoy segura que mi mirada y la suya son cómplices y se gritan “te amo” aunque yo no quiera. También se que por más que luche contra viento y marea verlo significa besarlo porque nuestros cuerpos piden a gritos ahogados que nos amemos.
Pero hay algo más y es eso lo que intento descifrar. No es su físico, no es su personalidad, no es nuestro cariño ni nuestra pasión. Quizás es como soy yo cuando estoy con él o quizás simplemente ese algo no tiene palabras para describirlo porque a veces no alcanzan las palabras.

No hay comentarios: