Me enfrento ante una hoja en blanco y me doy cuenta que no logro escribir, que no puedo pensar, que no veo personajes. Hace mucho que no escribo, hace mucho que no me siento a hacer catarsis. Y no porque la vida sea “color de rosa”, quizás porque tengo danza y teatro para sacar todo. Aunque de teatro salga re cargada sé que algo se libera, tantas puteadas, tantas personas que me han afectado, ya hace tiempo, pero algo quedo picando dentro mío; en teatro logró sacar todo eso, olvidarlo realmente, relajar. Pero sin embargo todo mi potencial no fue liberado, lo reprimo por miedo. ¿Cómo mirarlo a los ojos a Jota y decirle que quiero clavarle un cuchillo sin sentir que me estoy sobrepasando? Sin embargo la escritura fue dejada de lado. Prefiero sentarme hora tras hora y devorarme series enteras. Pero, sobre todas las cosas prefiero verlo a Rodrigo. Él no es la causa de que deje de escribir, sino que terminó siendo lo único de lo que quería hablar. ¿Y cómo permitirme olvidar la fantasía y escribir mil cuentos sobre nosotros dos? Como si no hubiese nada más de que hablar, como si no pudiese ya imaginar. No es así, pero caigo redonda en nuestro amor que no tiene ninguna complicación. ¿De qué hablar? ¿De que está todo bien? Siempre fui fatalista, siempre exageré cosas para hablar de tristezas, enojos, existencialismo. Querer escribir algo feliz sin traspasar la línea de lo cursi es demasiado difícil para mí. ¿Qué hago frente a la vida sin problemas? No puedo crear un personaje si mis aflicciones no las crea una persona sino una institución, una vida. ¿Ponerme a mí como enemiga? ¿Escribir y escribir relatos donde me odio continuamente por mis malas acciones a manera de flagelación? ¿Comentar que nada me entusiasma excepto él, que todo es vacío sin él? Convertirme en cliché… No. Hablar de broncas pasadas… No. Representar en un personaje al capitalismo destructor de seres humanos, volverme filosofa de la revolución y proclamar la autodestrucción. Hablar de política, de ética y moral… No. ¡Copiarme personajes! Representar a una puta decente a la que la enredan en engaños para que declare en contra de un negro. Ser Borges y generar intertextualidad en cada comentario para que solo logre entenderme un verdadero erudito. Despreciar lo que escriben otros, los alardeos de intelectuales de algunos ineptos; generar indirectas para que varios estúpidos se sientan identificados. Contar chistes malos. Poner en mayúsculas alguna grosería para que el texto llame la atención: METANSE UN PALO EN EL ORTO. Creerse surrealista por decir tonterías una tras otra, y empezar a desvariar con RINOCERONTES. Hacer homenajes a artistas, a películas recientemente vistas con mi novio… Con él, de lo único que puedo hablar. Escribir algo largo y sin importancia para que nadie termine de leerlo, para que la gente se aburra (como si alguien me leyera alguna vez).
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