16/11/10

Los usurpadores.

Yo los vi. Se amaban (o eso creían ellos, yo no tanto) y se odiaban (o eso creía yo, ellos no tanto). Si los tengo que definir los catalogaría de enfermos, sin más ni menos... pero ¿quién no está loco en esta sociedad? Que arroje la primera piedra. Igual no entiendo mucho esa frase porque yo los apedrearía sin descanso y sé de mi grado de locura. Pero compréndame lector que me han usurpado parte de mi espacio un conocido con su esposa desconocida. Quizás uno escucha a cualquier hora sus gritos y eso a uno lo pone nervioso... Sí eso realmente lograba descolocarme, una noche unos gemidos, unos gritos, unas sacudidas que lograban sacarme del sueño y ¡oh! si me cuesta dormirme... Sí quizás no perdono que hayan perturbado mis sueños porque a la noche siguiente se escuchaban llantos y gritos, peleas. Así durante largos meses... A veces había que intermediar porque uno no quiere muertos en su casa vio y ellos si podían se mataban.
Un día no lo aguanté más, le dije que se vaya, grité, sí, me excedí, no hay que ponerse a la misma altura del enfermo, hay que darse cuenta que está enfermo y llamar a la ambulancia.
Otro día regresé y estos usurpadores habían discutido, ella le pegaba en las bolas al grito de "te voy a dejar estéril" y él la abofeteaba. Ella embarazada.
Yo ya no se qué hacer. En este momento escucho sus besos desde el cuarto contiguo, y solo me generan odio. No me interesan ¿está mal, señor lector, que después de haber recibido solo maltrato a cambio de techo y comida no me importe que les sucede? No me importa si arreglan o no sus diferencias, no quiero verlos nunca más.

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