4/3/08


¡Una mina de oro! – exclamó Matilde sonriendo. Sentía que había llegado a la total plenitud que te da la felicidad, se había olvidado de que estaba exhausta por el largo viaje y la gran búsqueda que estaba realizando hace días, semanas, meses, años… Pero olvidó que su objetivo no era una mina de oro sino que buscaba volver a su casa ya que se había perdido en medio del desierto en la excursión que había hecho con su amigo Hindú. Había creído ser por unos segundos una arqueóloga en busca de la tumba de Tutankamon o algo por el estilo. Igual no volvió a recordar nunca, que era una turista abandonada en el medio del desierto por la traición de un amigo, y murió creyendo que había encontrado una tumba repleta de objetos valiosos. Por suerte murió feliz aunque su cuerpo sufría el hambre y la sed. Lo más curioso de todo es que haya visto el espejismo de una tumba y no el de un oasis, pero las cosas de la mente humana son difíciles de descifrar.

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